Estado y CCAA
Propuestas de Juntos por el Cambio en temas de Estado y CCAA para Elecciones Presidenciales 2023 (Nacional)
Juntos por el Cambio (JxC) llegó a la elección presidencial de 2023 con una agenda de “orden institucional” y “reforma del Estado” que, en materia de relación Estado-provincias, combinó dos tradiciones: por un lado, el federalismo fiscal clásico de la UCR y sectores aliados; por el otro, una visión más centralizada y disciplinadora del gasto público, muy asociada al PRO. En la plataforma y en los discursos de campaña de Patricia Bullrich, el diagnóstico fue consistente: el Estado nacional debía dejar de ser un distribuidor discrecional de recursos y volver a coordinar con las provincias sobre reglas más previsibles, menos clientelares y con mayor responsabilidad fiscal. Esa mirada se apoyó en un dato estructural de la Argentina: la fuerte dependencia provincial de las transferencias nacionales, en un país donde la coparticipación y los giros discrecionales siguen siendo decisivos para el funcionamiento cotidiano de muchos distritos.
Reforma fiscal y disciplina del gasto
El núcleo de la propuesta de JxC fue reducir el peso del Estado nacional y ordenar las cuentas públicas para cortar la emisión monetaria y la inflación. En clave federal, eso implicaba también revisar la relación financiera con las provincias: menos discrecionalidad en transferencias y más reglas automáticas, con incentivos para el equilibrio presupuestario subnacional. JxC planteó que sin superávit fiscal no hay federalismo sostenible, porque la Nación termina usando la caja como mecanismo de presión política. La propuesta iba en línea con su crítica al uso de fondos fiduciarios, subsidios y programas administrados centralmente.
Coparticipación y federalismo “con reglas”
Aunque JxC no presentó un rediseño integral e inmediato del régimen de coparticipación, sí insistió en la necesidad de avanzar hacia un esquema más transparente y menos arbitrario. La coalición sostuvo que la distribución de recursos debía premiar la administración responsable y no la cercanía política con el poder central. En términos políticos, esto apuntaba a limitar la capacidad de la Casa Rosada de negociar apoyos con gobernadores mediante giros extraordinarios. El problema es que la coparticipación requiere acuerdos complejos entre Nación y provincias, y cualquier cambio de fondo depende de mayorías legislativas y de la aprobación de las jurisdicciones, algo difícil en un sistema tan fragmentado.
Descentralización con coordinación
JxC defendió una lógica de descentralización administrativa: más responsabilidades para provincias y municipios, pero con estándares nacionales de gestión y control. En educación, salud y seguridad, la coalición propuso fortalecer capacidades locales sin expandir el aparato nacional. Esto se expresó especialmente en la idea de “ordenar” el sistema de seguridad y dar más herramientas a las provincias para combatir el delito, manteniendo una coordinación federal más estricta. La orientación general fue clara: la Nación debía fijar objetivos, pero no convertirse en ejecutora omnipresente de políticas que, según JxC, suelen funcionar mejor cerca del territorio.
Infraestructura y desarrollo territorial
En materia de obras públicas y desarrollo regional, JxC no abandonó la idea de un Estado activo, pero sí propuso priorizar infraestructura estratégica y eliminar el sesgo discrecional en la asignación de obras. El mensaje fue que el federalismo no puede depender de la afinidad política del gobernador con el presidente. En la práctica, esto implicaba revisar el rol del Ministerio de Obras Públicas y buscar esquemas de financiamiento con mayor participación privada o con mecanismos transparentes de asignación. La propuesta era coherente con su crítica al uso electoral de la obra pública, aunque menos precisa en cuanto a instrumentos concretos.
Valoración: fortalezas y debilidades
La principal fortaleza de JxC fue diagnosticar un problema real: el federalismo argentino funciona con fuerte dependencia financiera y alta discrecionalidad política. Su discurso puso sobre la mesa la necesidad de reglas claras, responsabilidad fiscal y menor concentración de poder en la Nación. Además, intentó conectar reforma del Estado con calidad institucional, un punto relevante en un país donde la relación Nación-provincias suele estar atravesada por urgencias coyunturales.
La debilidad fue la ambigüedad programática. JxC habló mucho de ordenar y transparentar, pero ofreció menos detalles sobre cómo reformar la coparticipación sin abrir una negociación constitucionalmente compleja. También quedó una tensión entre su promesa de descentralizar y su impulso a una conducción fuerte desde el Ejecutivo nacional. En otras palabras, prometió menos centralismo, pero no siempre explicó cómo evitar que la transición genere más desigualdad territorial.
Posición comparativa frente a otros partidos
Frente al peronismo de Unión por la Patria, JxC se ubicó en una vereda opuesta: criticó el uso político de los recursos federales y la expansión del gasto como herramienta de gobernabilidad. Mientras el oficialismo defendía la presencia del Estado nacional como amortiguador social y territorial, JxC priorizaba disciplina fiscal y reducción de discrecionalidad. Frente a La Libertad Avanza, en cambio, compartió parte del diagnóstico sobre el Estado sobredimensionado, pero se diferenció por mantener una visión más institucionalista y menos rupturista del federalismo. Frente a fuerzas provinciales o de centro como Hacemos por Nuestro País, JxC quedó más cerca del orden macroeconómico que de un federalismo negociado basado en autonomías fuertes.