Crisis Institucional 04/01/2023 – 01/01/2024 Gobierno Benjamin Netanyahu (Likud + Sionismo Religioso + Otzma Yehudit + ultraortodoxos)

Reforma judicial de Netanyahu y protestas masivas en Israel (2023)

El 4 de enero de 2023, el ministro de Justicia Yariv Levin presentó la reforma judicial del Gobierno de Benjamin Netanyahu, formado en diciembre de 2022 con la extrema derecha religiosa, para limitar el poder del Tribunal Supremo. Más de 200.000 personas protestaron durante 38 semanas seguidas, un récord en Israel. La Knéset aprobó la cláusula de razonabilidad el 24 de julio, y el Supremo la anuló el 1 de enero de 2024.

Cifras clave

4 ene 2023
presentación reforma
el ministro Yariv Levin presenta el plan
200.000+
manifestantes semanales
38 semanas consecutivas de protestas
24 jul 2023
aprobación cláusula
Knéset aprueba la 'cláusula de razonabilidad' por 64-0
1 ene 2024
anulación TS
el Tribunal Supremo declara nula la reforma por 8-7

Contexto previo

La reforma judicial propuesta por el gobierno de Benjamin Netanyahu no surgió de un contexto aislado; estuvo inmersa en un panorama político marcado por una polarización creciente. Desde su formación en diciembre de 2022, el gobierno de coalición, compuesto por Likud, Sionismo Religioso, Otzma Yehudit, y partidos ultraortodoxos, ha buscado implementar un conjunto de cambios significativos en la estructura del poder judicial. Esta coalición refleja un crecimiento de la influencia de la derecha en la política israelí, con un enfoque particular en debilitar al sistema de justicia que, según sus críticos, ha actuado como un límite al poder de los legisladores.

En este entorno, la preocupación sobre la independencia del sistema judicial tomó un lugar primordial, especialmente para quienes defendían las instituciones democráticas y la gobernanza responsable. La presentación de la reforma judicial el 4 de enero de 2023 por el ministro de Justicia, Yariv Levin, se enmarcó en esta lucha entre el ejecutivo y el poder judicial.

Qué ocurrió

El miércoles 4 de enero de 2023, el gobierno presentó su plan de reforma judicial, destacándose las intenciones de Yariv Levin de limitar el alcance del Tribunal Supremo. Uno de los ejes más controvertidos fue la aprobación de la 'cláusula de razonabilidad', que impedía al Tribunal Supremo anular decisiones del Gobierno por considerarlas irrazonables. Esta cláusula fue finalmente aprobada el 24 de julio de 2023 con un resultado de 64-0 en el Knéset, ilustrando el apoyo unánime de los legisladores oficialistas, pero generando una ola de rechazo entre los opositores y en varios sectores de la sociedad.

A lo largo del año, las protestas masivas se convirtieron en una respuesta visible y contundente contra la reforma. Durante 38 semanas consecutivas, más de 200,000 manifestantes se unieron semanalmente en las calles de Tel Aviv y otras ciudades, estableciendo un nuevo récord en la historia de Israel. La oposición, liderada por figuras como Yair Lapid y Benny Gantz, logró aglutinar a diversos sectores en su rechazo a la reforma, argumentando que representaba una amenaza a la democracia.

Sin embargo, las turbulencias en el entorno socio-político se intensificaron con los trágicos atentados del 7 de octubre de 2023, que dejaron a la nación en estado de alerta y distrajeron temporalmente la atención de las reformas judiciales. Dicha situación evidenció una crisis más amplia, suspendiendo las protestas mientras se centraban en la seguridad nacional.

Finalmente, el 1 de enero de 2024, el Tribunal Supremo declaró nula la enmienda de la cláusula de razonabilidad, en un reñido voto de 8-7. Esta anulación se convirtió en un momento crucial, reafirmando el rol del poder judicial en un contexto de creciente tensión política.

Respuesta del Gobierno central

El gobierno de Benjamin Netanyahu ha defendido la reforma judicial como un cambio necesario para equilibrar el poder entre los diferentes ejes del estado. Según Netanyahu y sus aliados, el Tribunal Supremo hacía uso excesivo de su autoridad, interfiriendo en las decisiones legales y políticas de la Knéset. Bezalel Smotrich, como Ministro de Finanzas y representante de los intereses de la derecha, ha argumentado que una reforma era crucial para revitalizar la democracia israelí.

No obstante, la coalición expresó un lema de mayor transparencia y “despoderar” a un sistema judicial que, según ellos, había asumido un papel político que no le correspondía. Lejos de ser un monólogo, el gobierno intentó presentar esta iniciativa como un mandato democrático, enfatizando en que trabajaban conforme al apoyo legislativo que habían recibido en las urnas. Las tácticas adoptadas para responder a la oposición se caracterizaron por la falta de diálogo y un desfile constante de justificaciones sobre la solución a lo que consideraban la "elitista" administración judicial que habían heredado.

Posición de los partidos y debate parlamentario

La situación generó una división marcada en la Knéset, que reflejó no solo posturas ideológicas, sino además estrategias propias de un nuevo orden político en el que la Knéset sería la voz predominante sobre el Tribunal Supremo. En este marco, líderes opositores como Yair Lapid describieron la reforma como un ataque frontal a la democracia. Los partidos de la coalición de Netanyahu lograron mantener la cohesión frente a la oposición, lo que elevó aún más las tensiones en el clima político.

En este ecosistema, otros líderes de la oposición como Benny Gantz y el brazo legal de la oposición, argumentaron que una reforma de la magnitud propuesta no sólo era innecesaria, sino que violaba el corazón del contrato social que mantuvo reunido al país a lo largo de sus años de existencia formal.

Entre la promesa y la gestión

La situación política generada y el enfoque del gobierno contrastaron significativamente con las declaraciones de sus miembros sobre la defensa de la democracia israelí. A pesar de afirmar que los nuevos cambios brindarían un mejor sistema democrático, la falta de diálogo con la oposición y la rigidez en la gestión de la reforma elevaron la volatilidad de la situación.

Se presentaron propuestas que prometían eficacia y menor burocracia, sin medir los efectos que tendrían en la estructura administrativa y en la confianza pública hacia las instituciones. Esta desconexión entre las promesas de una "mejor gestión pública" y los métodos empleados provocó un distanciamiento entre el ejecutivo y una parte considerable de los ciudadanos. La capacidad del gobierno para explicar a la opinión pública las razones de sus cambios legislativos resultó débil.

Impacto económico y social

El revuelo generado por las protestas, así como las tensiones por la reforma, tuvieron repercusiones en diferentes áreas de la vida en Israel. Las protestas reflejaron descontento que fue más allá de la esfera judicial, abordando problemas como el costo de vida, los niveles de seguridad y la percepción general de la gobernanza en el país.

Estudios recientes indicaron que el costo de vida ha aumentado considerablemente desde 2022, estimando un incremento del 10%. Las tasas de inflación impactaron duramente a sectores modestos: alimentos, vivienda y combustible.

Todo esto se desarrolló con vertientes sociales complejas en constante evolución, demostrando cómo las cuestiones judiciales pueden hacer eco en las estructuras sociales de base y generar obstáculos para los ciudadanos.

Conclusiones

La respuesta masiva de la oposición y de la ciudadanía a la reforma reflejó una profunda división sobre el estado de los derechos y las salvaguardas del sistema judicial en Israel.